Thursday, May 22, 2008

Unos decían que lo habían visto, otros decían que incluso habían hablado con él. La mayoría afirmaba que no existía. Yo mantenía una postura neutral. La verdad es que la idea de que existiera un hombre capaz de controlar la furia de la naturaleza me parecía bastante bizarra, pero con lo extrañas que habían estado las cosas en la villa, había empezado a creer que todo era posible.
Una noche mi hermano llego corriendo, sin aliento, asustadísimo a la casa. Aseguraba que había visto una silueta en las montañas. Un hombre parado en un risco que parecía estar mirando en su dirección. Decía mi hermano que el hombre le había señalado con el dedo justo antes de que ocurriera un derrumbe que estuvo a centímetros de aplastarlo. Decidí que el misterio debía acabar.
Me armé con mi mejor equipo de montaña, ropa y comida para varios días y salí en busca de aquel extraño hombre. No sabía en que me estaba metiendo, ni tampoco me importaba. Estaba determinado a encontrarlo, sin importar lo que costara.
Estuve tres días caminando entre cerros y montañas, riscos peligrosos y caminos angostos entre las rocas. Me había adentrado lo suficiente en la cadena montañosa cuando se puso a llover. Era una fiera tormenta, con ventoleras enormes y los truenos y los relámpagos llenaban el cielo a cada momento. No quise detenerme y segui caminando bajo la lluvia y el viento.
No pasaron demasiadas horas cuando de pronto lo vi: a lo lejos, entre las nubes y las rocas se veía un hombre parado al borde de un acantilado, con los brazos extendidos, los movía de un lado para otro, como si estuviera recuperando el equilibrio, o tratando de golpear algo que volara a su alrededor. Luego de un rato de observarlo entre los rayos me di cuenta de que no trataba de golpear algo, sino que el hombre movía sus brazos tal como lo haría un director dirigiendo a su orquesta. Un movimiento horizontal de su brazo izquierdo hizo que soplara una ventisca que casi me bota al suelo. Un movimiento vertical de su brazo derecho hizo aparecer frente a si un enorme y hermoso rayo azul de entre las nubes. Todo esto acompañado de la sinfonía de la lluvia que no cesaba de caer.
De pronto vi que se dio vuelta, sin dejar de mover sus brazos, y noté que su cara estaba mirando en mi dirección, pero no alcancé a notar si me estaba mirando. Por un momento pensé que me lanzaría un rayo y me pulverizaría por osar interrumpir su obra. Sin embargo lo único que hizo fue disminuir la euforia del movimiento de sus brazos, con lo que la lluvia lentamente comenzó a amainar. Justo en el momento en que la lluvia se hubo detenido, y sus brazos ya casi no se movían en el término de este movimiento ritardando de la naturaleza, hizo un amplio semicírculo sobre su cabeza y las nubes que nos cubrían se retiraron para mostrar los últimos minutos del atardecer sobre las montañas. Y en el momento en que lo miré por última vez, un último rayo cayó sobre la loma donde estaba parado y con esto...

desapareció...

1 comment:

Anonymous said...

woa, q bkn el cuento...sería genial poder controlar la naturaleza! yo keroooo >.<