“Mira: Allá, a lo lejos, entre aquellas extrañas rocas. ¿Lo alcanzas a ver? Probablemente no. Es difícil desde aquí. Pero tampoco te llevaré más cerca. Ese lugar está maldito. Probablemente no has escuchando ninguna historia aún, porque la gente en la ciudad detesta hablar al respecto. Es como un tema tabú para ellos. Pero a mí no me molesta hablar de ello. Solo me molesta estar en ese lugar. ¡Claro que he estado ahí! Si no, no podría contarte las historias que te contaré. Ese lugar es conocido como la Tierra del Verdugo. Se supone que está abandonado, que ahí ya no queda sino arena, ratas y las almas vagabundas de quienes ahí murieron. La gente del desierto, ya sabes, aquellos seres que no comparten con nadie más que ellos mismos, solía llevar a sus propios delincuentes ahí, donde un grupo de jueces decidía su destino. Según lo que he alcanzado a ver yo de las instalaciones, es una suerte de prisión, repleta de pasadizos secretos, trampas mortales y guardias sobrenaturales. Hay quienes dicen que incluso tienen seres del más allá, y no-muertos sirviendo a la palabra de los jueces. Miles han muerto en el interior de ese lugar, y el alma de muchos de ellos nunca dejó aquella prisión dejada de la mano del destino.
Sin embargo, la historia más increíble no tiene que ver directamente con los prisioneros que ahí pasaron los últimos días de su vida, sino que tiene que ver con un castigo en específico.
El “Shalib a’dha”. Era el castigo más temido por los reos de la prisión y cada vez que un criminal caía bajo ese castigo, el resto de los reos guardaban silencio durante tres días completos, pero no por respeto al pobre diablo que fue sometido a tal terror, sino porque cada uno de ellos comprendía de que él podría ser el próximo. De los rumores que andan dando vueltas acerca de dicho castigo, ninguno se pone de acuerdo con respecto a en qué consistía, pero mi versión es aquella que cuenta que al pobre desgraciado lo llevaban al centro del lugar, en una suerte de patio central, abierto al aire libre y las tormentas de arena del desierto, y lo encadenaban sin posibilidad de movimiento en una cama vertical de roca maciza, frente a un enorme espejo de obsidiana. Al poner a la víctima en ese lugar, unas extrañas inscripciones aparecían en el espejo, de color blanco y formaban una especie de portal que se dirigía al interior del espejo. Al abrirse ese portal, el pobre desgraciado era succionado dentro del espejo, entre gritos desgarradores, e incluso habían veces en que no alcanzaba a pasar el cuerpo completo del condenado cuando el portal se cerraba, dejando lo rezagado tirado en el piso, sin vida. A aquel enorme pedazo de obsidiana le llamaban “El Espejo del Ocaso”.
¿Sientes curiosidad por la Tierra del Verdugo? No te recomiendo adentrarte demasiado en esos terrenos. No vaya a ser que te topes con el Espejo del Ocaso y no puedas volver a tu tierra querida. Y no alegues contra la existencia del espejo. Yo mismo lo he visto. Yo mismo he estado ahí dentro. Y yo mismo he logrado salir.
¿Deseas dar un pequeño paseo? “



1 comment:
o.o ta wenisima la historia...aunq un poco escalofriante.
Richi yo kero libro autografiado xP
oye de donde sacas tanta inspiracaion para escribir? yo no podria...una vez tuve un sueño muy loco como para escribir un cuento xD
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