Sunday, December 28, 2008
Sunday, November 02, 2008
Las lágrimas seguían brotando tibias de sus ojos, aunque ya con menor frecuencia, y el llanto se tomaba su tiempo para cederle el paso a la tranquilidad. Habían pasado ya unos días y ella no lograba conseguir la paz en su interior. Se lo habían arrebatado con crueldad en el mejor momento de su vida y nada en el mundo había sido capaz de consolarla por ello. Llevaba toda su vida a su lado, y ella definitivamente no quería que eso cambiara.
Pero tuvo que suceder. Hubiese sido un hombre descuidado o un sicópata asesino, un simple accidente o una enfermedad mortal, le daba lo mismo. Ya no había vuelta atrás y nada podría devolvérselo.
Echada sobre su cama trataba de tranquilizarse en otra noche solitaria cuando un insecto pasó volando ante sus ojos. Se alteró en un principio y luego atinó a hacer lo que toda persona hace cuando un insecto perturba su espacio personal: espantarlo. El insecto rápidamente voló fuera de peligro y desapareció de su vista.
No podía sacárselo de la cabeza. Pensaba en todas las cosas que quería hacer con el, y que ahora no podría hacer. Pensaba en todas las actividades diarias para las que el le faltaría. Pensaba en todo el color que perdió su vida en el momento en que lo perdió a el. Pensaba en lo mucho que le hacía falta estar abrazado a el en ese momento. Pensaba en todo el tiempo que no aprovechó con el antes de que se lo quitaran. Pensaba...
Se dirigió hacia la terraza para tomar aire. Cuando quiso abrir la puerta de vidrio que daba a su balcón, vio nuevamente a aquel insecto que había pasado frente a sus ojos hace tan sólo unos minutos. Sin embargo, esta vez, ahí parado sobre el vidrio, contra la absorbente oscuridad de la noche, lo vio con todo detalle. Era un hermoso insecto volador, blanco como la más pura de las luces, con unas alas que nacían delgadísimas en su cuerpo, pero que crecían para formar dos preciosas y alargadas deltas que terminaban en punta. Con unas finas patas que se aferraban firmemente al vidrio, dos pequeñas antenas coronaban su cabeza. Y dos ojos, negros como la noche que afuera reinaba, profundos como el mayor abismo y que al mirarlos, la dejaron completamente hipnotizada.
Recordó entonces, ya no las cosas que le faltarían de el, sino las cosas que la hicieron feliz durante todo el tiempo que estuvo junto a el. Recordó, ya no todos los lugares que no podría visitar con el, sino todos los lugares que visitó, todas las caminatas que realizó con el, todos los parques que recorrió, todas esas tardes tirados en el pasto, simplemente estando juntos, en silencio, disfrutando, sonriendo. Recordó, ya no los momentos que no volvería a vivir con el, sino todos aquellos momentos que vivió con el, que la hicieron infinitamente feliz, aunque sea por tan sólo unos segundos.
Y lloró. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, como un torrente, pero no lloraba de pena, sino de felicidad. No lloraba de arrepentimiento, sino de agradecimiento. Y entre el llanto, sonrió. Y sonrió, y siguió sonriendo. Al igual que como tuvo la oportunidad en su vida de haber posado sus ojos en tan maravilloso insecto, lloró de alegría por haber tenido la oportunidad en su vida de conocer a tan maravillosa persona, de haber compartido con ella tan maravillosos momentos y de haber estado junto a el hasta el último segundo, queriéndolo como nadie más lo quiso nunca.
Y sonrió. Las lágrimas seguían brotando tibias de sus ojos, aunque con menor frecuencia, pero el llanto ya había cedido el paso a la tranquilidad. Y sonrió. Y con esto el maravilloso insecto blanco emprendió el vuelo, salió por la abertura de la ventana y se sumió en la oscuridad de la noche.
Y ella sonrió.
4/11/2008 19:48 hrs
Nota : he editado esta entrada para poder dedicarle estas palabras a quienes en este momento las necesitan. Si bien no son recientes, espero que puedan transmitir algún mensaje de ánimo y fuerzas.
Diego Schmidt-Hebbel, quienes te conocieron, siempre te recordarán y siempre vivirás en sus corazones.
Friday, October 03, 2008
Cuando cayó el primero sobre el dorso de mi mano pensé que había empezado a nevar. Inmediatamente me desconcentré de aquello en lo que estaba pensando, (no recuerdo si estaba pensando en la universidad, el dinero, o en ella) y comencé a mirar a todos lados, para ver si alguien más había notado la "nieve" que estaba cayendo. Pero nadie lo veía. Todos estaban sumidos en sus propios mundos, caminaban por la calle sin prestar atención a nada más que a si mismos y el piso que había ante sus pies.
De pronto la razón me golpeó como una ráfaga de aire frío. No podía estar nevando. Estaba parado en medio de la ciudad, rodeado de rascacielos, en un cálido día de primavera. No podía estar nevando. Volví a mirar el dorso de mi mano y descubrí que lo que ahí había caído no era un copo de nieve, sino un pétalo blanco de alguna flor que se ubicaba sobre mi.
Levanté la vista y en lo alto, un hermoso árbol primaveral florido soltaba los suaves pétalos de sus ramas cuando el viento lo mecía. Bailaban mientras caían con toda la gracia que uno pudiera imaginar y llegaban a caer a la vereda de aquella calle sumida en medio de la ciudad, en un intento por embellecer lo que momentos antes no había sido más que un gris pedazo de concreto por el que transitan miles de personas a diario, sin gracia ni detalles que...
..."¡A ver si no nos quedamos parados en mitad de la vereda donde molesta a los otros transeúntes, estúpido!" me gritó un caminante que chocó conmigo mientras observaba el árbol en altura. Lo miré con recelo mientras se alejaba, pero no le respondí. Le dediqué una última mirada de adiós al árbol, le agradecí por el quiebre que me dio y continué mi camino.
Nota: Ahi agregué la imagen. La entrada está completa. ^^ saludos!
Sunday, September 14, 2008
Corría una tranquila tarde de primavera. El negocio había estado un poco solitario durante el día, a excepción de uno o dos clientes buscando alguna que otra cosa. El sol se asomaba tímidamente entre las nubes y las letras pegadas en el ventanal de la tienda relucían ante la luz del día.
"Todos los libros del mundo." Rezaba la frase promocional en el ventanal.
De pronto se escuchó la campanilla de la puerta y el vendedor de libros levantó la cabeza para ver quién había llegado. Y ahí había un hombre mayor, con una calvicie que se notaba que había ganado mucho terreno sobre su cabeza, grandes ojeras bajo sus pardos ojos y con un semblante que expresaba una profunda tristeza. El vendedor de libros lo miró con una sonrisa, mientras el caballero se paseaba entre las torres de libros que yacían por todos lados, y le preguntó:
"¡Buen día señor!¿Puedo ayudarle en algo?"
"Si, bueno, ando buscando un libro." respondió el hombre con timidez.
"Me parece que ha venido usted al lugar indicado. Estoy cansado de la gente preguntando por lugares donde comer." agregó el vendedor de libros con una sonrisa.
"Dios, hace muchísimo tiempo que no venía a una librería..."
"En ese caso, debe estar usted buscando un libro bastante raro. Nada de bestsellers baratos. ¿El libro de su infancia, quizás?" Aventuró el vendedor de libros, a lo que el hombre respondió con una mirada de asombro:
"¡Increíble! ¿Cómo adivinó?"
"Un hombre como usted no vendría a este lugar de no ser por su primer amor. ¡Sígame, por favor!"
Bajaron unas escaleras hacia una habitación subterranea que estaba aún más repleta de libros que la entrada de la tienda. Había torres y torres de libros por todos lados.
"Ahora solo hay que determinar el nombre de su primer amor. ¿Pergauld quizás? O tal vez Baum. ¿Lindgren? Quizás algo más clásico... que tal Verne?" Comentaba el vendedor de libros mientras se abría paso entre todas aquellas ediciones.
"Si, eso es. Julio Verne y sus 20.000 leguas de viaje submarino." respondió el hombre al escuchar el nombre del autor que buscaba.
"El buen Julio. No será difícil encontrarlo."
Una vez que hubieron caminado un tramo más por las escaleras, el hombre se aventuró a comentarle al vendedor de libros:
"Realmente tiene todos los libros del mundo aquí, no es así?"
"Todos...excepto uno." Respondió el vendedor de libros con melancolía.
"¿Excepto uno?" el hombre se sintió sorprendido al escuchar esas palabras, pero el vendedor de libros no le hizo caso y de pronto anunció:
"¡Ah! Verne. 20.000 leguas de viaje submarino. Esta es una edición de cuando usted habrá sido un niño pequeño. ¿Desea echarle un vistazo?". El vendedor de libros le alcanzó la polvorienta edición al hombre , quién la tomó con curiosidad y comenzó a ojearlo con una creciente sonrisa en la cara.
"¡Esta es! ¡Es exactamente igual! Recuerdo esta ilustración, y esta también. Y...oh..."
"¿Sucede algo? ¿Acaso está dañada?" preguntó el vendedor de libros al ver cómo la sonrisa de su cliente se desvanecía.
"No. Es sólo que mi copia tenía... Cuando mi madre me la regaló, le puso una inscripción." Los recuerdos comenzaron a fluir en la memoria del hombre y recordó cuando su madre le había regalado el libro. Se pudo recordar leyendo la inscripción en voz alta, con la temblorosa voz de quién ha aprendido a leer hace tan solo un corto tiempo. "Para mi niño Anton, para se-se-seguirlo en su ma-mágico viaje, su madre." rezaba al inscripción en la contratapa de su edición.
"Mi madre murió el mes pasado, quizás es por eso que vine acá..."
"¡Un libro con una inscripción! Pues debería haberlo dicho inmediatamente. Veamos... ¡Ah! Aquí está."
El hombre tomó este nuevo libro que el vendedor había buscado y, al abrirlo, quedó totalmente paralizado por la inscripción que había en su interior. Ahí, desde la contratapa de aquel libro que sostenía en sus manos en ese momento, asomaba la dulce caligrafía de su madre, pronunciando aquella inscripción que llevaba uno de los libros más significativos de su infancia.
"¡Esto es increíble! Pensé que este libro se había perdido para siempre cuando nos cambiamos de casa." Exclamó el hombre sumido aún en el asombro.
"Quizás es el libro con la dedicatoria de otra persona." Dijo el vendedor de libros, pero el hombre se apresuró a refutarlo.
"No, es el mismo libro que me regaló mi madre. ¡Esto es un milagro!"
Mientras emprendían el camino de vuelta al mostrador para cerrar la venta, el hombre le preguntó al vendedor:
"¿Cómo ha logrado tal cosa, señor vendedor? ¿Acaso es usted también mago?"
"No soy más que un vendedor de libros, señor. Y como tal me enorgullezco de encontrar siempre exactamente lo que mis clientes están buscando."
"Todos los libros del mundo."
"Exacto."
"Todos excepto uno."
"¿Cómo dice?" el vendedor miró con asombro al hombre que lo seguía por las escaleras.
"Eso dijo usted hace un rato. Todos, excepto uno."
De pronto el vendedor de libros comenzó a sumirse en un torbellino de recuerdos, mientras escuchaba a lo lejos la voz de su cliente preguntando: "¿Y puedo saber cuál es ese libro?" Sin embargo no le prestó atención, ya que su mente se remontó a una calida tarde de verano, en que estaba sentado en el pasto con la pequeña Tea. Estaba revisando un libro de dibujos que Tea le había pasado, mientras Tea le contaba cómo los había dibujado todos ella misma, especialmente para él. De pronto se escuchaba el sonar de una campanilla, y al darse vuelta vio a su novia, Sandra y a su amigo Stefan en las bicicletas, apurándolo para que los acompañase al lago. Se despidió apresuradamente de Tea, dejándola ahí sola sobre el pasto, pero sin antes agradecerle por el hermoso libro de dibujos que ella le había regalado. Una vez ya en el lago, Stefan cogió el libro de dibujos y comenzó a burlarse de el, mientras el intentaba recuperarlo, diciéndole a Stefan que era un libro que había hecho Tea para él. Sandra escuchó esto e inmediatamente reaccionó, quitándoselo a Stefan de las manos.
"Con que Tea... ¿Asique ahora andas aceptando regalos de otras mujeres? ¿Acaso no soy suficiente para ti?"
"¡Sandra! ¡Tea no es más que una pequeña niña! La conozco desde siempre. Es como una pequeña hermana para mi."
"¡No importa! Si me amas, me dirás que no te importa este estúpido regalo." Con esto, Sandra se paró en la punta del muelle, a la orilla del lago, sosteniéndo el libro de Tea más allá de donde terminaba el muelle, lista para lanzarlo al agua.
"¡Sandra!"
"Estoy escuchando. Dime qué debo hacer con este libro de dibujos." Desde la orilla se escuchaba a Stefan gritar a todo pulmón "¡Tíralo! ¡Tíralo!" pero Sandra miró a su novio a los ojos y le dijo:
"¿Y bien?" El soltó un suspiro de resignación y miró a Sandra diciéndole con tristeza: "Lánzalo." Sandra lanzó el libro al agua y él pudo ver como volaba por el aire y caía al agua, deshaciendo las hojas del libro con la humedad. De pronto a lo lejos escuchó la voz de su cliente nuevamente que decía: "¿Señor vendedor? ¿Está usted bien? ¿Señor vendedor?"
"Discúlpeme señor, me quedé pensando un momento. ¿Decía algo?"
"Sólo le preguntaba cuál es ese libro que dice que no tiene."
"Ah. Es sólo una excusa que tengo en caso de que no logre encontrar algo." respondió el vendedor de libros, ya nuevamente con una sonrisa en su cara.
"Es usted muy sabio, vendedor, muy sabio. ¿Cuánto le debo?"
"Oh, no es mucho, salen todos los detalles aquí en la boleta. No puedo cobrarle demasiado por un libro que está rayado de todas formas."
"Muchísimas gracias. Me encargaré de decirle a todos que usted tiene aquí todos los libros del mundo."
"¡Todos excepto uno, recuerde!"
...excepto uno.
Nota: Este cuento no es idea original mía. Lo saqué de un comic que encontre en internet, que encontré tan bueno, que lo quise compartir con ustedes de una forma más verbal que visual. Espero que les guste. La imagen es del cómic, uno de los recuerdos del vendedor cuando se están hundiendo los dibujos en el agua. ¡Saludos!
Thursday, May 22, 2008
Unos decían que lo habían visto, otros decían que incluso habían hablado con él. La mayoría afirmaba que no existía. Yo mantenía una postura neutral. La verdad es que la idea de que existiera un hombre capaz de controlar la furia de la naturaleza me parecía bastante bizarra, pero con lo extrañas que habían estado las cosas en la villa, había empezado a creer que todo era posible.
Una noche mi hermano llego corriendo, sin aliento, asustadísimo a la casa. Aseguraba que había visto una silueta en las montañas. Un hombre parado en un risco que parecía estar mirando en su dirección. Decía mi hermano que el hombre le había señalado con el dedo justo antes de que ocurriera un derrumbe que estuvo a centímetros de aplastarlo. Decidí que el misterio debía acabar.
Me armé con mi mejor equipo de montaña, ropa y comida para varios días y salí en busca de aquel extraño hombre. No sabía en que me estaba metiendo, ni tampoco me importaba. Estaba determinado a encontrarlo, sin importar lo que costara.
Estuve tres días caminando entre cerros y montañas, riscos peligrosos y caminos angostos entre las rocas. Me había adentrado lo suficiente en la cadena montañosa cuando se puso a llover. Era una fiera tormenta, con ventoleras enormes y los truenos y los relámpagos llenaban el cielo a cada momento. No quise detenerme y segui caminando bajo la lluvia y el viento.
No pasaron demasiadas horas cuando de pronto lo vi: a lo lejos, entre las nubes y las rocas se veía un hombre parado al borde de un acantilado, con los brazos extendidos, los movía de un lado para otro, como si estuviera recuperando el equilibrio, o tratando de golpear algo que volara a su alrededor. Luego de un rato de observarlo entre los rayos me di cuenta de que no trataba de golpear algo, sino que el hombre movía sus brazos tal como lo haría un director dirigiendo a su orquesta. Un movimiento horizontal de su brazo izquierdo hizo que soplara una ventisca que casi me bota al suelo. Un movimiento vertical de su brazo derecho hizo aparecer frente a si un enorme y hermoso rayo azul de entre las nubes. Todo esto acompañado de la sinfonía de la lluvia que no cesaba de caer.
De pronto vi que se dio vuelta, sin dejar de mover sus brazos, y noté que su cara estaba mirando en mi dirección, pero no alcancé a notar si me estaba mirando. Por un momento pensé que me lanzaría un rayo y me pulverizaría por osar interrumpir su obra. Sin embargo lo único que hizo fue disminuir la euforia del movimiento de sus brazos, con lo que la lluvia lentamente comenzó a amainar. Justo en el momento en que la lluvia se hubo detenido, y sus brazos ya casi no se movían en el término de este movimiento ritardando de la naturaleza, hizo un amplio semicírculo sobre su cabeza y las nubes que nos cubrían se retiraron para mostrar los últimos minutos del atardecer sobre las montañas. Y en el momento en que lo miré por última vez, un último rayo cayó sobre la loma donde estaba parado y con esto...
desapareció...
Saturday, May 17, 2008
“Mira: Allá, a lo lejos, entre aquellas extrañas rocas. ¿Lo alcanzas a ver? Probablemente no. Es difícil desde aquí. Pero tampoco te llevaré más cerca. Ese lugar está maldito. Probablemente no has escuchando ninguna historia aún, porque la gente en la ciudad detesta hablar al respecto. Es como un tema tabú para ellos. Pero a mí no me molesta hablar de ello. Solo me molesta estar en ese lugar. ¡Claro que he estado ahí! Si no, no podría contarte las historias que te contaré. Ese lugar es conocido como la Tierra del Verdugo. Se supone que está abandonado, que ahí ya no queda sino arena, ratas y las almas vagabundas de quienes ahí murieron. La gente del desierto, ya sabes, aquellos seres que no comparten con nadie más que ellos mismos, solía llevar a sus propios delincuentes ahí, donde un grupo de jueces decidía su destino. Según lo que he alcanzado a ver yo de las instalaciones, es una suerte de prisión, repleta de pasadizos secretos, trampas mortales y guardias sobrenaturales. Hay quienes dicen que incluso tienen seres del más allá, y no-muertos sirviendo a la palabra de los jueces. Miles han muerto en el interior de ese lugar, y el alma de muchos de ellos nunca dejó aquella prisión dejada de la mano del destino.
Sin embargo, la historia más increíble no tiene que ver directamente con los prisioneros que ahí pasaron los últimos días de su vida, sino que tiene que ver con un castigo en específico.
El “Shalib a’dha”. Era el castigo más temido por los reos de la prisión y cada vez que un criminal caía bajo ese castigo, el resto de los reos guardaban silencio durante tres días completos, pero no por respeto al pobre diablo que fue sometido a tal terror, sino porque cada uno de ellos comprendía de que él podría ser el próximo. De los rumores que andan dando vueltas acerca de dicho castigo, ninguno se pone de acuerdo con respecto a en qué consistía, pero mi versión es aquella que cuenta que al pobre desgraciado lo llevaban al centro del lugar, en una suerte de patio central, abierto al aire libre y las tormentas de arena del desierto, y lo encadenaban sin posibilidad de movimiento en una cama vertical de roca maciza, frente a un enorme espejo de obsidiana. Al poner a la víctima en ese lugar, unas extrañas inscripciones aparecían en el espejo, de color blanco y formaban una especie de portal que se dirigía al interior del espejo. Al abrirse ese portal, el pobre desgraciado era succionado dentro del espejo, entre gritos desgarradores, e incluso habían veces en que no alcanzaba a pasar el cuerpo completo del condenado cuando el portal se cerraba, dejando lo rezagado tirado en el piso, sin vida. A aquel enorme pedazo de obsidiana le llamaban “El Espejo del Ocaso”.
¿Sientes curiosidad por la Tierra del Verdugo? No te recomiendo adentrarte demasiado en esos terrenos. No vaya a ser que te topes con el Espejo del Ocaso y no puedas volver a tu tierra querida. Y no alegues contra la existencia del espejo. Yo mismo lo he visto. Yo mismo he estado ahí dentro. Y yo mismo he logrado salir.
¿Deseas dar un pequeño paseo? “
Friday, April 11, 2008
Las lomas se extendían, tapizadas por una hierba tan verde como no había visto en décadas, tan lejos como alcanzaba la vista, aparentemente sin nada que les interrumpiera el paisaje. El camino estaba trazado sin mayores complicaciones, atravesando ese campo sin detenerse. El cielo estaba cubierto por unas oscuras nubes, pero el sol alcanzaba a mostrar un par de naranjos rayos de luz entre las nubes y no parecía como que fuera a llover. Llevaba caminando todo el día, y habían pasado varias horas desde que había visto cualquier clase de ser viviente.
Subiendo una pequeña loma, de pronto vino una suave, pero gélida brisa, que me erizó hasta la punta de los pelos y cuando llegué a la cima, me topé con una enorme sorpresa.
Al otro lado de esa loma, desde la tierra y cubierta en parte por la hierba, se asomaba la proa de un antiguo barco a velas. Por lo que se alcanzaba a ver, la nave había sido enorme y parte de los mástiles salían tambíen de la tierra, como brazos de un enorme gigante que se haya quedado enterrado.
Me sorprendió ver un vehículo acuático en la mitad de una nada tan terrestre como ésta y me dediqué a inspeccional el barco.
La madera parecía muy vieja, podrida en parte, pero aún asi mantenida ante las inclemencias del tiempo. Estaba cubierta de musgo y los insectos hacían del navío un hogar un poco más variado que la enormidad de hierba que se extendía kilómetros a la redonda.
Estaba en la mitad de mi inspección cuando de pronto una voz irrumpió sorpresivamente en el silencio del lugar y me dijo: "Si yo fuera usted, me sentiría honrado, joven caminante. No es mucha la gente que llega a este lugar para contemplar este maravilloso barco."
Sorprendido me di la vuelta y me encontre con un anciano que debía tener sobre 100 años de edad, pero que se movía con toda tranquilidad. El pelo blanco le colgaba largo sobre los hombros, una barba abundante y canosa le cubría la cara llena de arrugas, los ojos entrecerrados, como si le molestara la luz. Vestía viejos ropajes andrajosos, cojeaba al caminar y llevaba un bastón lleno de nudos.
"Este barco tiene una historia, y una muy buena razón para estar aquí, encallado y enterrado en este mar de hierba. Este barco fue una de las naves más grandiosas del océano, hace muchísimo tiempo atrás. Su tripulación era disciplinada, obediente y disfrutaban hacer lo que hacían. El capitán era osado, tenía experiencia y logró llegar siempre donde quiso. Muchos los trataron de piratas, pero no robaban por robar, robaban cuando lo necesitaban, solo para sobrevivir. Vivían de y en el mar. Así fue hasta que el mismísimo Dios del Viento le ofreció a su capitán no sólo ser dueño de los mares, sino que también de los cielos. El Dios del Viento necesitaba ayuda para controlar los cielos y evitar que las cosas se salieran de su cauce y le ofreció al capitán navegar no solo con la ayuda del viento, sino sobre el viento para llegar a dónde el quisiera. Pero esto no era gratis. Podría volver a la tierra durante una semana, una vez cada cinco años, durante el resto de su servicio. El capitán, ciego de orgullo de poder llevar su nave a donde quisiera, aceptó y con eso, selló su destino. El trato funcionó durante los primeros veinte años, hasta que en la cuarta semana que pasó en tierra desde que hubiera hecho el trato, estando en puerto, se enamoró de una bella joven a la que prometió su corazón y su alma, por el resto de sus vidas. Con esto rompió el trato de los cinco años, y volvió para visitar a su amada al mes siguiente, pero el Dios del Viento se enteró y su cólera fue desatada.
"¡Has incumplido el trato que has hecho conmigo y es sólo cuestión de tiempo para que el caos se vuelva a gestar entre las nubes! Como castigo, te desterraré al único mar que tocará tu nave desde aquí hasta la eternidad y tu nave no volverá a moverse ¡jamás!"
Con esto el Dios del Viento se llevo al capitán junto con su nave y lo trajo a la mitad de este campo, y durante quinientos años, la nave ha estado varada y enterrada aqui, en este mar de hierba, donde los cielos se notan caóticos en todo momento, pero donde no se desata nunca la tormenta y el sol alcanza apenas a mostrar sus rayos entre las nubes."
Sorprendido miré al viejo, luego de que terminara de contar la historia y no pude evitar hacerle la pregunta:" ¿Y usted cómo sabe todo esto?" A lo que el viejo me contestó: "Fácil pues, joven caminante, yo soy el capitán de este barco."
A lo lejos graznó un cuervo, el primer sonido animal que había escuchado desde hacía horas, y cuando me di vuelta para ver de dónde vino el graznido, volvió a correr una suave, pero gélida brisa, que me erizó hasta la punta de los pelos. Cuando volví a fijar mi mirada en el viejo y el barco, ambos habían desaparecido.
Monday, March 17, 2008
Ahí parado, bajo ese largo tragaluz, frente a esa misteriosa puerta, ante el umbral de lo desconocido, no pudo evitar sentir cierto escalofrío. La puerta había estado cerrada durante décadas, nadie la había abierto desde que murió la vieja. Y ahí estaba él, con la llave en una mano y decidido a abrirla de una buena vez. La vieja se había encargado de mantener el misterio respecto a esa habitación cuando estaba viva y ahora, décadas después de su muerte, aquel misterio seguía vivo. Él estaba decidido a romper eso. Si iba a ser dueño de la casa y de sus alrededores, tenía que conocer todos los rincones de la misma, incluso aquellos que los lugareños dicen que están malditos.
Y pensar que todo comenzó cuando a la vieja le dio con que se iba a morir (y bueno, fue algo que eventualmente sucedió, pero mucho después que esto) y quería que fuera distinto. Escogió el roble más hermoso de su fundo y mandó a hacerse un ataúd de una sola pieza del tronco de aquel roble. Mandó a guardar el ataúd a aquella misteriosa habitación para que esperara ahí, rodeado de los extraños entes que se suponía que ahí habitaban, y se cargara de fuerzas sobrenaturales hasta el día en que muriera. Loca.
Y en un año a partir de ese día, murió. ¿Coincidencia? Nadie sabría decirlo. Él seguramente diría que si. Lo que permitió que el misterio de aquella habitación siguiera alimentándose hasta el día presente fue el hecho de que el ataúd que la vieja mandó a hacer nunca salió de aquella habitación y el ataúd que llegó a su tumba estaba vacío pocas horas antes del entierro. Aún así nunca se supo si realmente hubo alguien o algo en el ataud que fue cubierto por tierra en aquel cementerio.
Pero todas esas patrañas quedarían expuestas el día de hoy, cuando él trajera la escalera y subiera a esa puerta cerrada desde hacía décadas. Estaba asustado, si, pero eso no evitaría que él abriera esa puerta para ver lo que había adentro. Después de todo, su miedo era irracional.
Colocó la escalera apoyada en la pared bajo la puerta y comenzó a subir. Le temblaban un poco las manos y el corazón se le aceleró levemente mientras se acercaba a la puerta.
Llegó a la parte superior de la escalera y alargó la llave hacia la cerradura. Un ruido sordo y chirriante a la vez indicaban que efectivamente aquel cerrojo llevaba años sin moverse, y el poco de polvo que salto desde el interior de la cerradura hacia afuera indicó que hacía mucho tiempo que nada pasaba por ahí.
Abrió la puerta y, en un principio, no pudo ver nada, pero cuando sus ojos se fueron acostumbrando a la penumbra, se encontró con una habitación larga, como un salón, con una alfombra central color burdeo, un tragaluz polvoriento al extremo en el centro de la habitación y adornada con una infinidad de cosas que lo dejaron boquiabierto al instante, y el esqueleto humano que le sonreía desde una esquina al entrar no era lo único.
Estanterías llenas de libros de todo tipo, títulos que no reconoció, lenguajes que no reconoció, en los lomos de algunos libros le pareció reconocer el sánscrito, en otros el griego, en varios pudo leer un poco el latín. Le pareció conocido el título "El Necronomicón" que distinguió en uno de los lomos, pero no pudo recordar de dónde. Había grimorios de todo tipo y libros no era lo único que había. Todo tipo de instrumentos arcanos, de todo tipo de culturas distintas, se veían por todos lados vestigios polvorientos y llenos de telarañas de decenas de culturas y religiones diferentes, todos orientados a trabajar con el mundo espiritual.
Y de pronto, desde el fondo de la habitación, lo vio. El ataúd de una sola pieza de roble estaba ahí, sobre un atril dorado y con unas velas apagadas, prácticamente consumidas. Se le erizaron todos los pelos del cuerpo y un enorme escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando vio que la tapa del ataúd estaba descorrida y colgaba de ella una esquelética mano con un enorme anillo de oro.
Lo que jamás pensó que sucedería fue el hecho de que aquella esquelética mano comenzó a moverse, mostrando la palma hacia el techo de la habitación y recogiendo y estirando el dedo índice a modo de llamado para que se acercara.
La puerta de la habitación de cerró de golpe, se escuchó el sonido del cerrojo como se bloqueaba y dejaba la llave por el lado de afuera y la habitación se sumió completamente en tinieblas...
Se escuchó de pronto un grito desgarrador proveniente de los pisos superiores de la casa y los inquilinos supieron inmediatamente que la maldición seguía vigente, aún después de tantos años. Lástima, les estaba empezando a gustar el nuevo comprador...
Saturday, January 12, 2008
Sueño. Sueño durante la noche y durante el dia. Sueño con muchas cosas distintas, algunas que parecen no tener relación unas con otras. Sueño con volar como los pájaros, como un enorme cóndor en la cordillera, con toda la libertad del mundo. Sueño con la inmensidad del horizonte, con la hermosura de un atardecer en el mar. Sueño con muchas personas especiales para mi, amigos y amigas, y dentro de ellos, estan los mas importantes. Sueño con lograr mis ideales, sueño con solucionar mis problemas, sueño con mejorar mi vida. Pero al momento de pensar en mi propia vida, la comparo con la de otros y veo que yo no estoy tan mal, y tambien veo que tampoco estoy tan bien. Sueño con poder ayudar a la gente que quiero, con poder escucharlos lo mas atentamente posible y sueño con poder alivianarles su pena. Sueño con mi futuro. Sueño con la música, compases, notas, corcheas blancas negras sincopas y de todo. Pero también sueño pesadillas. Sueño con problemas, con situaciones hipotéticas que me llenan el día de miedo y incertidumbre. Sueño con las armas que cuelgan de mi pared, de cómo algun guerrero de antaño ocupó ese tipo de armas para intimidar y hasta para acabar con la vida de otra persona, pero me fascina la nobleza de un combate cuerpo a cuerpo con armas de hierro puro, en un combate donde se mide la valentía, el esfuerzo, y la habilidad del guerrero. Sueño con mundos inventados, con creaturas hermosas y creaturas temibles, sueño con paisajes inexistentes que le dan a mi vida diaria un toque especial de variedad.
Vivo. Vivo todos los dias como si fueran una rutina, vivo mis dias de una manera muy distante de mis sueños. Vivo pensando en el pasado y en el futuro. No vivo pensando en lo que sucede delante de mis propios ojos.
¿Y tu? ¿Qué sueñas?
edit: esto no es nuevo, quizas a algunos les parecerá conocido de mi antiguo blog en el espacio de msn...bueno empezaré a trasladar algunos textos de allá hacia acá, en vista de que este es un poquito más popular xD



