Wednesday, December 19, 2007

offtopic: este pequeño fragmento va dedicado a una muy buena amiga mía que me lleva pidiendo un cuento desde hace rato y yo no había podido corresponderle. es, o podría llegar a ser un pequeño pedazo de un capítulo del libro que algunos de ustedes saben que estoy escribiendo...tenía pensada esta escena desde hacía un tiempo, pero no había tenido la oportunidad de escribirla...ahora solo falta escribir todo lo que sucede entre lo que llevo del libro y esta escena xD...saludos a todos, espero que disfruten
PD: si, si se que la imagen es de assassin's creed...total ripoff, pero no logre encontrar una buena imagen que le viniera al tema, y fue lo único pasable que encontré.



Allá atrás, a la vuelta de una esquina apareció un hombre, un hombre que parecía repeler a la gente a su alrededor. Era un hombre muy alto, fornido, se veía que trabajaba o que alguna vez trabajó mucho su musculatura, ya que era intimidante. Vestido con una manta blanca larga que casi llegaba hasta el suelo, cubría su cabeza y parte de su cara con una capucha. Llevaba brazales de cuero amarrados con tiras de cuero cubriéndole casi desde el codo hasta una buena porción de la muñeca. Desde bajo la rodilla hasta el tobillo llevaba puestas grebas también de cuero amarradas con tiras de cuero. Esto indicaba inmediatamente que aquel hombre era un combatiente, o por lo menos alguna vez lo fue, hasta tal punto que no dejó de usar nunca sus implementos. Desde ahí se alcanzaba a notar levemente unas marcas que subían por su cuello y terminaban en unas puntas que casi abrazaban sus orejas.
- No te quedes demasiado tiempo observando.- Dijo un anciano que estaba por ahí cerca. - Ese hombre es peligroso, conocido por todos en esta zona.-
- ¿Quién es?- Preguntó el joven druida, sumido en la curiosidad.
- Nadie realmente lo sabe. Hay quienes dicen que es un demonio, otros quienes dicen que fue un astuto y brillante, pero cruel líder de algún ejército de las regiones colindantes, la versión más aceptada es que es un sicario. Lo único certero acerca de él es que ha matado. Se le ha visto matar y matar de la forma más cruel que puedas conocer.- El viejo hablaba del sicario como si fuese una leyenda de antaño.
El sicario se acercó a una fuente de agua que había en la plaza, se quitó la manta que llevaba encima, revelando su torso intimidante, cubierto solo por un viejo pedazo de tela con las mangas rasgadas, y mostrando un poco más de aquellas misteriosas marcas que llegaban hasta su cuello. Las tiras de cuero que sujetaban sus brazales se extendían hasta sus hombros, apretando sus brazos y ocultando en parte las marcas que también estaban repartidas ahí. Decenas de líneas y curvas que se extendían a lo largo de sus dos brazos y solo daban a imaginar que no se detenían ahí, sino que continuaban por todo su cuerpo.
- Esas marcas, ¿qué son? o ¿qué significan?- preguntó el joven druida.
- Nadie lo sabe.- respondió el anciano- pero existen muchos rumores al respecto. Hay quienes dicen que son manchas de sangre ordenadas por una maldición. Las marcas vendrían a representar las extremidades de la planta de dicha maldición, indicando que ésta está tomando posesión sobre su cuerpo, con cada alma humana que destruye con su crueldad. Gracias a esas marcas es posible reconocer a tal monstruo como lo que es y poner cuidado con él.-
El joven druida siguió observando al sicario con interés. Sentía ganas de acercarse a él y conocerlo. Descubrir quién era aquel hombre misterioso. Sin embargo no podía evitar imaginárselo en combate, sea cual fuere su pasado, desgarrando vidas humanas y despedazándolas sin piedad, como el demonio que decían que era.
De pronto la mirada del sicario se desvió rápidamente y fue a caer directamente a los ojos del joven druida. Éste sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo en milésimas de segundo, al ver la mezcla de emociones que se veía en aquellos ojos. Ira, odio, crueldad, pero también angustia, pena y desgracia. El sicario comenzó a avanzar moderadamente hacia el joven druida y éste, buscando un poco de apoyo, se dio cuenta de que el anciano se había dado a la fuga rápidamente. Temiendo por su vida, el joven druida se resignó a recibir su castigo por observar tan descaradamente a aquel personaje. Cada paso que el sicario daba sobre el arena de la plaza era un pequeño temblor que el joven druida sentía en su interior. Cuando el sicario al fin se paró frente al joven druida, lo miró de arriba abajo, casi con desprecio, y dijo:
- No creas que no me di cuenta que me estuviste mirando desde que llegué a la plaza. ¿Se puede saber qué es tan interesante?-