Sunday, April 19, 2009



La noche estaba agradable. Pedí un trago en la barra y me senté en una mesa apartada a esperar. A pesar de estar al borde de la playa, el humo de los puros y cigarrillos flotaba en el ambiente. Desde el improvisado escenario sonaba un saxofón, tocando una suave música ambiental.

Llevaba una semana en ese paradisíaco lugar, esperando la reunión que nunca habíamos concretado, pues claro, no podíamos concretarla. Nadie podía saber cuándo y dónde nos reuniríamos. Pero la intuición y alguna que otra pista me llevó a ese lugar. Estaba seguro de que tarde o temprano aparecería.
De pronto entre la gente, la vi. Sentada junto a la barra y completamente solitaria, me llamó la atención que no hubiera algun tipo tratando de llevársela a su apartamento. Llevaba un vestido elegante, de un rojo carmín que combinaba con sus labios. Sus ojos de color esmeralda parecían mirar al infinito, adornados con una fina capa de maquillaje que no alcanzaba a entorpecer su belleza. Llevaba un par de aretes dorados que no llamaban la atención, y sus manos sólo llevaban un anillo con una piedra de obsidiana tan negra como la noche más allá del horizonte.
Me acerqué a ella, acomodándome la chaqueta y tratando de no llamar la atención de ningúna persona que nos rodeara, le dije "Hace una tranquila y cálida noche de verano, ¿no crees?"
Me miró de pronto, un tanto sobresaltada, como si la hubiesen despertado de un sueño, y me respondió "Las gaviotas vuelan bajo durante el ocaso. Los lirios de la costa florecen casi sin esfuerzo."
La invité a un trago y nos pusimos al día con las informaciones de las últimas semanas, pero sin hablar directamente de nuestro cometido, como si fuesemos dos viejos amigos en su reencuentro.
La reunión había resultado y eso me tenía contento, casi confiado, pero aún notaba algo extraño en su mirada, como una especie de melancolía, como si le doliera lo que estuviese haciendo en el momento.
Luego de un rato de conversación, risas y tragos, tuve que pedirle permiso para ir al baño, cosa que, a pesar de no tener problema en concederme, pareció molestarle profundamente en un plano personal. Como si fuese mejor para ella que yo no lo hiciera. Traté de ignorar esa preocupación y me dirigí rápidamente para volver pronto con ella.
Entré al baño de caballeros tan concentrado, que no noté al hombre parado tras la puerta, ni al tipo lavándose las manos en el lavatorio. Pero no fue hasta que el objeto contundente golpeó mi cabeza, enviándome a la inconciencia, que no me di cuenta que ella me había traicionado, que el tipo en el lavabo era un espía enemigo y que el hombre tras la puerta era un matón enviado a capturarme, para así, de una vez por todas, poner mi misión en riesgo y firmar la escapada del criminal que llevaba meses persiguiendo.

Saturday, April 04, 2009

En un principio pasaron desapercibidos. Se subieron a la micro sin dar demasiado aviso, y antes de que cualquiera pudiera darse cuenta estaban ahí, comenzando a enseñarnos lo que tenían para mostrar. Un oxidado y torcido monociclo, un par de pinos de bolos astillados y harapientos ropajes de payaso acompañaban a los dos personajes que se acababan de subir.

"Muy bien damas y caballeros si nos prestan su atención, no se preocupen que pronto se la devolveremos. Tengan todos ustedes muy buenas tardes, buenas noches y buenos días de aquí al resto de la semana también. Queremos invitarlos a un viaje que va más allá de este medio de transporte. Queremos invitarlos a un viaje sobre las alas de la imaginación y de la mano con la locura. Un viaje que los llevará desde la cúspide de las más altas montañas hasta el más profundo abismo del océano. Acompáñennos mientras mi compañero y yo arrancamos los motores de vuestra imaginación con un pequeño número."
Con esto comenzaron a mostrarnos lo que podían hacer. Con una maestría impresionante uno de ellos se montó sobre el monociclo torcido y lograba moverse por el piso del vehículo sin mayor dificultad, mientras el otro le lanzaba el par de pinos esperando que se los devolviera su compañero antes de que caigan al piso. Describiendo curiosas curvas en el aire volaban entre los pasajeros y llegaban extrañamente siempre a las manos de los dos malabaristas. Y con todo eso mi mente comenzó a volar. Sin saber por qué, de pronto me sentí proyectado en una tormenta de imágenes y colores hacia paisajes jamás vistos y de una hermosura deslumbrante. Simplemente con el armónico baile de aquellos desgastados pinos quedé algo hipnotizado mientras una alegre melodía se gestaba en mi cabeza y mi imaginación me lanzaba una gran cantidad de imágenes que me causaban una enorme alegría.
Y de pronto se detuvieron. La música dejó de sonar y al abrir los ojos estaban el par de malabaristas en el centro del vehículo.
"Bueno damas y caballeros, esperamos que les haya gustado el show, por el momento andamos cortos de bolsillos, asique aceptaremos donaciones en servilletas, bombillas y globos reventados. Muchas gracias!" Con esto esperaron un momento y luego se bajaron en el primer paradero. Primero el del monociclo, luego el segundo saltó sobre los hombros del primero y se fueron rodando calle abajo con perfecto equilibrio sobre un oxidado y torcido monociclo, haciendo malabarismos con un par de viejos y astillados pinos de bolos y vistiendo maltratados y harapientos ropajes de payaso. Y tras un árbol, desaparecieron.

Sunday, March 29, 2009

nota: los que no han leído la primera parte, la pueden leer aquí
...

"¿Crees en Dios, joven caminante? Porque la historia que estoy a punto de contarte tiene mucho que ver con la dicotomía del cielo y el infierno. Esa división del plano espiritual que separa los buenos de los malvados. Y el punto medio que es el plano terrenal que tu estás pisando en este momento. Tengo más años de los que puedas contar y vengo de un mundo más alla que cualquiera que conozcas. Fui encargado con la tarea de cuidar este particular lugar del plano terrenal y he vivido aquí desde tiempos inmemoriables. No me inclino hacía ninguna de las dos partes de la competencia espiritual, sino que me encargo de proteger la tierra neutral.He visto esta tierra crecer y desarrollarse, he visto eones pasar y a la humanindad evolucionar con los siglos. He visto sus glorias y sus decadencias, sus progresos y sus guerras. Y si hay una cosa que te puedo decir acerca del balance entre el cielo y el infierno, es que se fue cargando hacia la supuesta maldad de la que algunos tratan de advertiros. Tanto así que no hace mucho el infierno no logró retener su impulso de ganar terreno.
Fue en ese entonces cuando la devastación cayó sobre esta tierra. Grietas enormes se abrieron de la tierra y lenguas gigantes de fuego abrasaban todo a su paso. Hordas infernales salían para intentar acabar con todo y lograr ganar terreno. Kilómetros y kilómetros devastados sin la posibilidad de que nada vivo volviera a crecer ahí. Solo destrucción y muerte. 
Pero todo esto no podía quedar así. El infierno estaba atacando, rompiendo la tregua que tenían desde hacía siglos, y el cielo no podía quedarse de brazos cruzados. El contraataque cayó desde los cielos con toda su furia. Tu podrás imaginarte que las hordas celestiales son menos terribles que las infernales, por representar lo que debiera ser la bondad y santidad, pues eso es una cosa relativa. Lo hermoso y puro para unos, puede ser horrible y macabro para otros. No aportó a recuperar la devastación de la tierra, eso lo puedes ver. Pero logró hacer que las tropas infernales se retiraran y lo pensaran nuevamente antes de volver a salir. Una ola gigante de una fuerza inconcebible barrió con todo lo que tenía delante sin dejar sobrevivientes. Yo la ví venir en mi propia lucha por intentar mantener a ambas fuerzas bajo control. Sin embargo al ver esa fuerza descomunal hice lo único a mi alcance en ese momento, bajo una esperanza muy vaga.
Me escondí en un cierto edificio que pensé que podría resistir el ataque. Y no me equivoqué. Resistió y alcancé a recuperarme para terminar con lo que había empezado.
Y es así como sucedió el primer intento de avance del infierno sobre tierra neutral. Con la destrucción total de un enorme terreno donde vivía gente inocente e ignorante."
Miré al viejo mientras terminaba de contar su historia con los ojos abiertos como platos.
"No puedo creer que me hayas contado tantas tonterías. ¿Lo inventaste ahora? ¿O lo habías preparado en tus horas solitarias esperando a que pasara algún caminante aburrido? ¿Hay alguna prueba de lo que dices, viejo?"
El viejo me miró tranquilamente y me respondió:
"No es necesario que me creas. El edificio donde me resguardé del contraataque celestial sigue en pie. Basta con que le eches una mirada y verás por qué me sirvió."
"Aún me sorprende que me haya quedado a escuchar algo así. Fue entretenido de todas formas. Eres muy creativo, viejo. Cuidado con el infierno. Nos vemos, ¡adiós!"
Seguí mi camino mientras el viejo se quedaba ahí parado observando el valle ante el. 
Luego de unos minutos caminando y de haber subido una pequeña loma me quedé parado ante la visión de un único edificio practicamente intacto. Ahí entre la tierra muerta y chamuscada se alzaba una pequeña y humilde iglesia, con sus muros y columnas aún aguantando entre tanta destrucción.
Miré hacia atrás buscando la mirada tranquila y sabia del viejo, pero él ya había desaparecido.

Saturday, March 14, 2009

Me topé con la primera grieta cuando llevaba unas 4 horas caminando. El sol me golpeaba fuerte en la cara y el viento no hacía amagos de aparecer para aliviar el calor que se había estado haciendo presente desde hacía ya un buen rato. En un principio la enorme rajadura en mitad de la carretera me causó una sensación de no pertenecer en aquel extraño lugar, pero rápidamente me abrazó la curiosidad y me acerqué a observarla con mayor detenimiento. Era una enorme grieta en medio del pavimento. Parecía como si se extendiera hacia abajo, como penetrando en la corteza de la tierra.

Seguí caminando algunos metros, topándome con grietas similares en el camino, hasta que llegué a la cima de una pequeña loma en el camino.
La visión me dejó realmente pasmado. El terreno estaba completamente devastado en kilómetros a la redonda y ocasionales columnas de humo salían aquí y allá y se sentía un calor sofocante por todos lados. El suelo estaba cubierto de una roca irregular, y escasos restos de civilización humana quedaban esparcidos por todo el terreno. Al parecer el lugar había sido azotado por una fuerte erupción volcánica. Sin embargo no había volcanes a la redonda a los que se pudiera culpar.
Hacia mis adentros comencé a preguntarme cuál podría haber sido la causa de tal devastación y me encontraba sumido en lo más profundo de mis pensamientos cuando una voz a mis espaldas dijo: "Debes tener cuidado al caminar por esta zona, joven. Estás parado frente a las mismísimas puertas del infierno."
Sobresaltado me di la vuelta y encontre ahí a un anciano que parecía tener miles de años. Las arrugas se amontonaban sobre su morena piel y el cabello blanco como la nieve le caía a los costados de la cabeza, cubriéndole las orejas.
"Si tanto cuidado debo tener yo; ¿por qué rondas estos lugares, anciano?" pregunté aun sorprendido por el inesperado encuentro en aquel inhóspito paraje.
"Este ha sido mi hogar desde siempre. No puedo dejarlo." respondió el anciano con cierta melancolía en la voz.
"Si siempre has vivido aquí, sabrás lo que pasó; ¿no es así?" pregunté intrigado, a lo que el anciano respondió: "Claro que se lo que sucedió. Pero todos tienen sus propias versiones. Una erupción volcánica, un violento terremoto, pero nadie de los que estaba aquí ese día, a excepción mía, sobrevivió para contarlo, por lo tanto las versiones están basadas en suposiciones. Razonables, pero suposiciones al fin y al cabo."
"Y por que no cuentas la verdad al mundo, viejo?"
"Porque es espeluznante, joven. Te acabo de decir que estas son las puertas del infierno. Lo que ves aquí no son más que los vestigios de lo que sucedió la primera vez que se abrieron dichas puertas."
Las palabras del viejo me dejaron sobresaltado, pero la incredulidad ganó terreno y no pude resistirme a contestarle a la locura que acababa de decir:
"Estás delirando, anciano. Pensaba que te referías al sobrenombre del lugar, por el calor que hace, ¿pero esto? ¿Cómo sabes que no fue alguna mina subterránea que se incendió? O quizás fue una explosión."
"Mira a tu alrededor chiquillo. El lugar está devastado. ¿Crees que la madre naturaleza le haría algo así a su propia creación? Si tienes tiempo te puedo contar lo que sucedió. Si no tienes tiempo, te sugiero que salgas rápidamente de aquí."
Miré al anciano con una mezcla de incredulidad y curiosidad. Parecía muy seguro de lo que decía, sin embargo lo que contaba era demasiada fantasía como para ser verdad.
Levanté la mirada hacia el cielo y vi que el sol aún estaba alto y brillante. Miré la hora y comprobé que aún tenía tiempo para llegar al próximo pueblo. Bajé los ojos nuevamente hacia el hombre que había parado ante mi, lo miré a los ojos y con voz fuerte y decidida le dije:
"Está bien anciano. Cuéntame tu historia. Hasta el último detalle."

...

nota: continúa la historia aquí

Sunday, December 28, 2008

Newton's Cradle

Sunday, November 02, 2008

Las lágrimas seguían brotando tibias de sus ojos, aunque ya con menor frecuencia, y el llanto se tomaba su tiempo para cederle el paso a la tranquilidad. Habían pasado ya unos días y ella no lograba conseguir la paz en su interior. Se lo habían arrebatado con crueldad en el mejor momento de su vida y nada en el mundo había sido capaz de consolarla por ello. Llevaba toda su vida a su lado, y ella definitivamente no quería que eso cambiara.
Pero tuvo que suceder. Hubiese sido un hombre descuidado o un sicópata asesino, un simple accidente o una enfermedad mortal, le daba lo mismo. Ya no había vuelta atrás y nada podría devolvérselo.
Echada sobre su cama trataba de tranquilizarse en otra noche solitaria cuando un insecto pasó volando ante sus ojos. Se alteró en un principio y luego atinó a hacer lo que toda persona hace cuando un insecto perturba su espacio personal: espantarlo. El insecto rápidamente voló fuera de peligro y desapareció de su vista.
No podía sacárselo de la cabeza. Pensaba en todas las cosas que quería hacer con el, y que ahora no podría hacer. Pensaba en todas las actividades diarias para las que el le faltaría. Pensaba en todo el color que perdió su vida en el momento en que lo perdió a el. Pensaba en lo mucho que le hacía falta estar abrazado a el en ese momento. Pensaba en todo el tiempo que no aprovechó con el antes de que se lo quitaran. Pensaba...
Se dirigió hacia la terraza para tomar aire. Cuando quiso abrir la puerta de vidrio que daba a su balcón, vio nuevamente a aquel insecto que había pasado frente a sus ojos hace tan sólo unos minutos. Sin embargo, esta vez, ahí parado sobre el vidrio, contra la absorbente oscuridad de la noche, lo vio con todo detalle. Era un hermoso insecto volador, blanco como la más pura de las luces, con unas alas que nacían delgadísimas en su cuerpo, pero que crecían para formar dos preciosas y alargadas deltas que terminaban en punta. Con unas finas patas que se aferraban firmemente al vidrio, dos pequeñas antenas coronaban su cabeza. Y dos ojos, negros como la noche que afuera reinaba, profundos como el mayor abismo y que al mirarlos, la dejaron completamente hipnotizada.
Recordó entonces, ya no las cosas que le faltarían de el, sino las cosas que la hicieron feliz durante todo el tiempo que estuvo junto a el. Recordó, ya no todos los lugares que no podría visitar con el, sino todos los lugares que visitó, todas las caminatas que realizó con el, todos los parques que recorrió, todas esas tardes tirados en el pasto, simplemente estando juntos, en silencio, disfrutando, sonriendo. Recordó, ya no los momentos que no volvería a vivir con el, sino todos aquellos momentos que vivió con el, que la hicieron infinitamente feliz, aunque sea por tan sólo unos segundos.
Y lloró. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, como un torrente, pero no lloraba de pena, sino de felicidad. No lloraba de arrepentimiento, sino de agradecimiento. Y entre el llanto, sonrió. Y sonrió, y siguió sonriendo. Al igual que como tuvo la oportunidad en su vida de haber posado sus ojos en tan maravilloso insecto, lloró de alegría por haber tenido la oportunidad en su vida de conocer a tan maravillosa persona, de haber compartido con ella tan maravillosos momentos y de haber estado junto a el hasta el último segundo, queriéndolo como nadie más lo quiso nunca.
Y sonrió. Las lágrimas seguían brotando tibias de sus ojos, aunque con menor frecuencia, pero el llanto ya había cedido el paso a la tranquilidad. Y sonrió. Y con esto el maravilloso insecto blanco emprendió el vuelo, salió por la abertura de la ventana y se sumió en la oscuridad de la noche.
Y ella sonrió.
4/11/2008 19:48 hrs
Nota : he editado esta entrada para poder dedicarle estas palabras a quienes en este momento las necesitan. Si bien no son recientes, espero que puedan transmitir algún mensaje de ánimo y fuerzas.
Diego Schmidt-Hebbel, quienes te conocieron, siempre te recordarán y siempre vivirás en sus corazones.

Friday, October 03, 2008

Cuando cayó el primero sobre el dorso de mi mano pensé que había empezado a nevar. Inmediatamente me desconcentré de aquello en lo que estaba pensando, (no recuerdo si estaba pensando en la universidad, el dinero, o en ella) y comencé a mirar a todos lados, para ver si alguien más había notado la "nieve" que estaba cayendo. Pero nadie lo veía. Todos estaban sumidos en sus propios mundos, caminaban por la calle sin prestar atención a nada más que a si mismos y el piso que había ante sus pies.
De pronto la razón me golpeó como una ráfaga de aire frío. No podía estar nevando. Estaba parado en medio de la ciudad, rodeado de rascacielos, en un cálido día de primavera. No podía estar nevando. Volví a mirar el dorso de mi mano y descubrí que lo que ahí había caído no era un copo de nieve, sino un pétalo blanco de alguna flor que se ubicaba sobre mi.
Levanté la vista y en lo alto, un hermoso árbol primaveral florido soltaba los suaves pétalos de sus ramas cuando el viento lo mecía. Bailaban mientras caían con toda la gracia que uno pudiera imaginar y llegaban a caer a la vereda de aquella calle sumida en medio de la ciudad, en un intento por embellecer lo que momentos antes no había sido más que un gris pedazo de concreto por el que transitan miles de personas a diario, sin gracia ni detalles que...

..."¡A ver si no nos quedamos parados en mitad de la vereda donde molesta a los otros transeúntes, estúpido!" me gritó un caminante que chocó conmigo mientras observaba el árbol en altura. Lo miré con recelo mientras se alejaba, pero no le respondí. Le dediqué una última mirada de adiós al árbol, le agradecí por el quiebre que me dio y continué mi camino.


Nota: Ahi agregué la imagen. La entrada está completa. ^^ saludos!