Sunday, March 29, 2009

nota: los que no han leído la primera parte, la pueden leer aquí
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"¿Crees en Dios, joven caminante? Porque la historia que estoy a punto de contarte tiene mucho que ver con la dicotomía del cielo y el infierno. Esa división del plano espiritual que separa los buenos de los malvados. Y el punto medio que es el plano terrenal que tu estás pisando en este momento. Tengo más años de los que puedas contar y vengo de un mundo más alla que cualquiera que conozcas. Fui encargado con la tarea de cuidar este particular lugar del plano terrenal y he vivido aquí desde tiempos inmemoriables. No me inclino hacía ninguna de las dos partes de la competencia espiritual, sino que me encargo de proteger la tierra neutral.He visto esta tierra crecer y desarrollarse, he visto eones pasar y a la humanindad evolucionar con los siglos. He visto sus glorias y sus decadencias, sus progresos y sus guerras. Y si hay una cosa que te puedo decir acerca del balance entre el cielo y el infierno, es que se fue cargando hacia la supuesta maldad de la que algunos tratan de advertiros. Tanto así que no hace mucho el infierno no logró retener su impulso de ganar terreno.
Fue en ese entonces cuando la devastación cayó sobre esta tierra. Grietas enormes se abrieron de la tierra y lenguas gigantes de fuego abrasaban todo a su paso. Hordas infernales salían para intentar acabar con todo y lograr ganar terreno. Kilómetros y kilómetros devastados sin la posibilidad de que nada vivo volviera a crecer ahí. Solo destrucción y muerte. 
Pero todo esto no podía quedar así. El infierno estaba atacando, rompiendo la tregua que tenían desde hacía siglos, y el cielo no podía quedarse de brazos cruzados. El contraataque cayó desde los cielos con toda su furia. Tu podrás imaginarte que las hordas celestiales son menos terribles que las infernales, por representar lo que debiera ser la bondad y santidad, pues eso es una cosa relativa. Lo hermoso y puro para unos, puede ser horrible y macabro para otros. No aportó a recuperar la devastación de la tierra, eso lo puedes ver. Pero logró hacer que las tropas infernales se retiraran y lo pensaran nuevamente antes de volver a salir. Una ola gigante de una fuerza inconcebible barrió con todo lo que tenía delante sin dejar sobrevivientes. Yo la ví venir en mi propia lucha por intentar mantener a ambas fuerzas bajo control. Sin embargo al ver esa fuerza descomunal hice lo único a mi alcance en ese momento, bajo una esperanza muy vaga.
Me escondí en un cierto edificio que pensé que podría resistir el ataque. Y no me equivoqué. Resistió y alcancé a recuperarme para terminar con lo que había empezado.
Y es así como sucedió el primer intento de avance del infierno sobre tierra neutral. Con la destrucción total de un enorme terreno donde vivía gente inocente e ignorante."
Miré al viejo mientras terminaba de contar su historia con los ojos abiertos como platos.
"No puedo creer que me hayas contado tantas tonterías. ¿Lo inventaste ahora? ¿O lo habías preparado en tus horas solitarias esperando a que pasara algún caminante aburrido? ¿Hay alguna prueba de lo que dices, viejo?"
El viejo me miró tranquilamente y me respondió:
"No es necesario que me creas. El edificio donde me resguardé del contraataque celestial sigue en pie. Basta con que le eches una mirada y verás por qué me sirvió."
"Aún me sorprende que me haya quedado a escuchar algo así. Fue entretenido de todas formas. Eres muy creativo, viejo. Cuidado con el infierno. Nos vemos, ¡adiós!"
Seguí mi camino mientras el viejo se quedaba ahí parado observando el valle ante el. 
Luego de unos minutos caminando y de haber subido una pequeña loma me quedé parado ante la visión de un único edificio practicamente intacto. Ahí entre la tierra muerta y chamuscada se alzaba una pequeña y humilde iglesia, con sus muros y columnas aún aguantando entre tanta destrucción.
Miré hacia atrás buscando la mirada tranquila y sabia del viejo, pero él ya había desaparecido.

Saturday, March 14, 2009

Me topé con la primera grieta cuando llevaba unas 4 horas caminando. El sol me golpeaba fuerte en la cara y el viento no hacía amagos de aparecer para aliviar el calor que se había estado haciendo presente desde hacía ya un buen rato. En un principio la enorme rajadura en mitad de la carretera me causó una sensación de no pertenecer en aquel extraño lugar, pero rápidamente me abrazó la curiosidad y me acerqué a observarla con mayor detenimiento. Era una enorme grieta en medio del pavimento. Parecía como si se extendiera hacia abajo, como penetrando en la corteza de la tierra.

Seguí caminando algunos metros, topándome con grietas similares en el camino, hasta que llegué a la cima de una pequeña loma en el camino.
La visión me dejó realmente pasmado. El terreno estaba completamente devastado en kilómetros a la redonda y ocasionales columnas de humo salían aquí y allá y se sentía un calor sofocante por todos lados. El suelo estaba cubierto de una roca irregular, y escasos restos de civilización humana quedaban esparcidos por todo el terreno. Al parecer el lugar había sido azotado por una fuerte erupción volcánica. Sin embargo no había volcanes a la redonda a los que se pudiera culpar.
Hacia mis adentros comencé a preguntarme cuál podría haber sido la causa de tal devastación y me encontraba sumido en lo más profundo de mis pensamientos cuando una voz a mis espaldas dijo: "Debes tener cuidado al caminar por esta zona, joven. Estás parado frente a las mismísimas puertas del infierno."
Sobresaltado me di la vuelta y encontre ahí a un anciano que parecía tener miles de años. Las arrugas se amontonaban sobre su morena piel y el cabello blanco como la nieve le caía a los costados de la cabeza, cubriéndole las orejas.
"Si tanto cuidado debo tener yo; ¿por qué rondas estos lugares, anciano?" pregunté aun sorprendido por el inesperado encuentro en aquel inhóspito paraje.
"Este ha sido mi hogar desde siempre. No puedo dejarlo." respondió el anciano con cierta melancolía en la voz.
"Si siempre has vivido aquí, sabrás lo que pasó; ¿no es así?" pregunté intrigado, a lo que el anciano respondió: "Claro que se lo que sucedió. Pero todos tienen sus propias versiones. Una erupción volcánica, un violento terremoto, pero nadie de los que estaba aquí ese día, a excepción mía, sobrevivió para contarlo, por lo tanto las versiones están basadas en suposiciones. Razonables, pero suposiciones al fin y al cabo."
"Y por que no cuentas la verdad al mundo, viejo?"
"Porque es espeluznante, joven. Te acabo de decir que estas son las puertas del infierno. Lo que ves aquí no son más que los vestigios de lo que sucedió la primera vez que se abrieron dichas puertas."
Las palabras del viejo me dejaron sobresaltado, pero la incredulidad ganó terreno y no pude resistirme a contestarle a la locura que acababa de decir:
"Estás delirando, anciano. Pensaba que te referías al sobrenombre del lugar, por el calor que hace, ¿pero esto? ¿Cómo sabes que no fue alguna mina subterránea que se incendió? O quizás fue una explosión."
"Mira a tu alrededor chiquillo. El lugar está devastado. ¿Crees que la madre naturaleza le haría algo así a su propia creación? Si tienes tiempo te puedo contar lo que sucedió. Si no tienes tiempo, te sugiero que salgas rápidamente de aquí."
Miré al anciano con una mezcla de incredulidad y curiosidad. Parecía muy seguro de lo que decía, sin embargo lo que contaba era demasiada fantasía como para ser verdad.
Levanté la mirada hacia el cielo y vi que el sol aún estaba alto y brillante. Miré la hora y comprobé que aún tenía tiempo para llegar al próximo pueblo. Bajé los ojos nuevamente hacia el hombre que había parado ante mi, lo miré a los ojos y con voz fuerte y decidida le dije:
"Está bien anciano. Cuéntame tu historia. Hasta el último detalle."

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nota: continúa la historia aquí