Bien cuidado se mantenía aquel camino que el recorría todos los días. Y con toda razón, pues mucha gente caminaba ese camino junto a él. Lo acompañaban en todos sus momentos importantes. Estaban ahí con él cuando reía y reían junto a el. Estaban con él cuando lloraba y le prestaban un hombro para llorar. Estaban con él cuando se esforzaba por alcanzar sus metas y lograr sus sueños y le prestaban toda la ayuda que pudieran. Pero él no se quedaba sentado esperando que le sirvieran. El hacía lo posible para poder devolver los favores que le hacían, pues no podía ser tan descortés de no devolver la mano cuando lo ayudaban a levantarse si se caía. Sin embargo, justo cuando el creía que su caminata no podía ser más perfecta, el camino comenzó a vaciarse lentamente. Menos gente comenzó a caminar junto a él. El camino mismo con el tiempo fue perdiendo valor, ya que no transitaba tanta gente, por lo que no valía la pena mantenerlo bien cuidado. Lentamente se fue quedando solo en su caminata. La gente olvidó caminar junto a él. Lentamente el hermoso camino por el que alguna vez había transitado junto a tantos buenos amigos se fue tapando de hierba, casi desapareciendo entre el follaje. Hasta que un día se dio cuenta de que estaba solo. Se dio cuenta de que nadie más caminaba junto a él y junto con una pena abrasadora se preguntó: ¿Por qué se pierden los amigos? ¿Es acaso porque no les tendemos la mano para que caminen junto a uno? ¿O quizás no se pierden, sino que ellos mismos se alejan de nuestro camino? ¿Quizás nosotros nos alejamos del de ellos? ¿O tal vez insistimos demasiado en que caminen con nosotros? Una cosa es segura: Una vez que un amigo se desvía de nuestro camino, es muy difícil hacerlo volver a el.
Thursday, September 13, 2007
Bien cuidado se mantenía aquel camino que el recorría todos los días. Y con toda razón, pues mucha gente caminaba ese camino junto a él. Lo acompañaban en todos sus momentos importantes. Estaban ahí con él cuando reía y reían junto a el. Estaban con él cuando lloraba y le prestaban un hombro para llorar. Estaban con él cuando se esforzaba por alcanzar sus metas y lograr sus sueños y le prestaban toda la ayuda que pudieran. Pero él no se quedaba sentado esperando que le sirvieran. El hacía lo posible para poder devolver los favores que le hacían, pues no podía ser tan descortés de no devolver la mano cuando lo ayudaban a levantarse si se caía. Sin embargo, justo cuando el creía que su caminata no podía ser más perfecta, el camino comenzó a vaciarse lentamente. Menos gente comenzó a caminar junto a él. El camino mismo con el tiempo fue perdiendo valor, ya que no transitaba tanta gente, por lo que no valía la pena mantenerlo bien cuidado. Lentamente se fue quedando solo en su caminata. La gente olvidó caminar junto a él. Lentamente el hermoso camino por el que alguna vez había transitado junto a tantos buenos amigos se fue tapando de hierba, casi desapareciendo entre el follaje. Hasta que un día se dio cuenta de que estaba solo. Se dio cuenta de que nadie más caminaba junto a él y junto con una pena abrasadora se preguntó: ¿Por qué se pierden los amigos? ¿Es acaso porque no les tendemos la mano para que caminen junto a uno? ¿O quizás no se pierden, sino que ellos mismos se alejan de nuestro camino? ¿Quizás nosotros nos alejamos del de ellos? ¿O tal vez insistimos demasiado en que caminen con nosotros? Una cosa es segura: Una vez que un amigo se desvía de nuestro camino, es muy difícil hacerlo volver a el.
Subscribe to:
Posts (Atom)



