Sunday, November 02, 2008

Las lágrimas seguían brotando tibias de sus ojos, aunque ya con menor frecuencia, y el llanto se tomaba su tiempo para cederle el paso a la tranquilidad. Habían pasado ya unos días y ella no lograba conseguir la paz en su interior. Se lo habían arrebatado con crueldad en el mejor momento de su vida y nada en el mundo había sido capaz de consolarla por ello. Llevaba toda su vida a su lado, y ella definitivamente no quería que eso cambiara.
Pero tuvo que suceder. Hubiese sido un hombre descuidado o un sicópata asesino, un simple accidente o una enfermedad mortal, le daba lo mismo. Ya no había vuelta atrás y nada podría devolvérselo.
Echada sobre su cama trataba de tranquilizarse en otra noche solitaria cuando un insecto pasó volando ante sus ojos. Se alteró en un principio y luego atinó a hacer lo que toda persona hace cuando un insecto perturba su espacio personal: espantarlo. El insecto rápidamente voló fuera de peligro y desapareció de su vista.
No podía sacárselo de la cabeza. Pensaba en todas las cosas que quería hacer con el, y que ahora no podría hacer. Pensaba en todas las actividades diarias para las que el le faltaría. Pensaba en todo el color que perdió su vida en el momento en que lo perdió a el. Pensaba en lo mucho que le hacía falta estar abrazado a el en ese momento. Pensaba en todo el tiempo que no aprovechó con el antes de que se lo quitaran. Pensaba...
Se dirigió hacia la terraza para tomar aire. Cuando quiso abrir la puerta de vidrio que daba a su balcón, vio nuevamente a aquel insecto que había pasado frente a sus ojos hace tan sólo unos minutos. Sin embargo, esta vez, ahí parado sobre el vidrio, contra la absorbente oscuridad de la noche, lo vio con todo detalle. Era un hermoso insecto volador, blanco como la más pura de las luces, con unas alas que nacían delgadísimas en su cuerpo, pero que crecían para formar dos preciosas y alargadas deltas que terminaban en punta. Con unas finas patas que se aferraban firmemente al vidrio, dos pequeñas antenas coronaban su cabeza. Y dos ojos, negros como la noche que afuera reinaba, profundos como el mayor abismo y que al mirarlos, la dejaron completamente hipnotizada.
Recordó entonces, ya no las cosas que le faltarían de el, sino las cosas que la hicieron feliz durante todo el tiempo que estuvo junto a el. Recordó, ya no todos los lugares que no podría visitar con el, sino todos los lugares que visitó, todas las caminatas que realizó con el, todos los parques que recorrió, todas esas tardes tirados en el pasto, simplemente estando juntos, en silencio, disfrutando, sonriendo. Recordó, ya no los momentos que no volvería a vivir con el, sino todos aquellos momentos que vivió con el, que la hicieron infinitamente feliz, aunque sea por tan sólo unos segundos.
Y lloró. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, como un torrente, pero no lloraba de pena, sino de felicidad. No lloraba de arrepentimiento, sino de agradecimiento. Y entre el llanto, sonrió. Y sonrió, y siguió sonriendo. Al igual que como tuvo la oportunidad en su vida de haber posado sus ojos en tan maravilloso insecto, lloró de alegría por haber tenido la oportunidad en su vida de conocer a tan maravillosa persona, de haber compartido con ella tan maravillosos momentos y de haber estado junto a el hasta el último segundo, queriéndolo como nadie más lo quiso nunca.
Y sonrió. Las lágrimas seguían brotando tibias de sus ojos, aunque con menor frecuencia, pero el llanto ya había cedido el paso a la tranquilidad. Y sonrió. Y con esto el maravilloso insecto blanco emprendió el vuelo, salió por la abertura de la ventana y se sumió en la oscuridad de la noche.
Y ella sonrió.
4/11/2008 19:48 hrs
Nota : he editado esta entrada para poder dedicarle estas palabras a quienes en este momento las necesitan. Si bien no son recientes, espero que puedan transmitir algún mensaje de ánimo y fuerzas.
Diego Schmidt-Hebbel, quienes te conocieron, siempre te recordarán y siempre vivirás en sus corazones.

1 comment:

Anonymous said...

Awwwwwwwwwww me gusto mucho el cuento, es mega lindo...al principio pense q iba aser una historia triste. Me recordo cuando murio mi Loki, q al acordarme de el me ponia ultra triste, pq lo extrañaba mucho, pero tb me acordaba de lo mucho q lo quise y de cuando jugabamos juntos o caminaba por toda mi pieza mientras yo tudiaba y hacia sus necesidades sobre mis apuntes xD