Ahí parado, bajo ese largo tragaluz, frente a esa misteriosa puerta, ante el umbral de lo desconocido, no pudo evitar sentir cierto escalofrío. La puerta había estado cerrada durante décadas, nadie la había abierto desde que murió la vieja. Y ahí estaba él, con la llave en una mano y decidido a abrirla de una buena vez. La vieja se había encargado de mantener el misterio respecto a esa habitación cuando estaba viva y ahora, décadas después de su muerte, aquel misterio seguía vivo. Él estaba decidido a romper eso. Si iba a ser dueño de la casa y de sus alrededores, tenía que conocer todos los rincones de la misma, incluso aquellos que los lugareños dicen que están malditos.
Y pensar que todo comenzó cuando a la vieja le dio con que se iba a morir (y bueno, fue algo que eventualmente sucedió, pero mucho después que esto) y quería que fuera distinto. Escogió el roble más hermoso de su fundo y mandó a hacerse un ataúd de una sola pieza del tronco de aquel roble. Mandó a guardar el ataúd a aquella misteriosa habitación para que esperara ahí, rodeado de los extraños entes que se suponía que ahí habitaban, y se cargara de fuerzas sobrenaturales hasta el día en que muriera. Loca.
Y en un año a partir de ese día, murió. ¿Coincidencia? Nadie sabría decirlo. Él seguramente diría que si. Lo que permitió que el misterio de aquella habitación siguiera alimentándose hasta el día presente fue el hecho de que el ataúd que la vieja mandó a hacer nunca salió de aquella habitación y el ataúd que llegó a su tumba estaba vacío pocas horas antes del entierro. Aún así nunca se supo si realmente hubo alguien o algo en el ataud que fue cubierto por tierra en aquel cementerio.
Pero todas esas patrañas quedarían expuestas el día de hoy, cuando él trajera la escalera y subiera a esa puerta cerrada desde hacía décadas. Estaba asustado, si, pero eso no evitaría que él abriera esa puerta para ver lo que había adentro. Después de todo, su miedo era irracional.
Colocó la escalera apoyada en la pared bajo la puerta y comenzó a subir. Le temblaban un poco las manos y el corazón se le aceleró levemente mientras se acercaba a la puerta.
Llegó a la parte superior de la escalera y alargó la llave hacia la cerradura. Un ruido sordo y chirriante a la vez indicaban que efectivamente aquel cerrojo llevaba años sin moverse, y el poco de polvo que salto desde el interior de la cerradura hacia afuera indicó que hacía mucho tiempo que nada pasaba por ahí.
Abrió la puerta y, en un principio, no pudo ver nada, pero cuando sus ojos se fueron acostumbrando a la penumbra, se encontró con una habitación larga, como un salón, con una alfombra central color burdeo, un tragaluz polvoriento al extremo en el centro de la habitación y adornada con una infinidad de cosas que lo dejaron boquiabierto al instante, y el esqueleto humano que le sonreía desde una esquina al entrar no era lo único.
Estanterías llenas de libros de todo tipo, títulos que no reconoció, lenguajes que no reconoció, en los lomos de algunos libros le pareció reconocer el sánscrito, en otros el griego, en varios pudo leer un poco el latín. Le pareció conocido el título "El Necronomicón" que distinguió en uno de los lomos, pero no pudo recordar de dónde. Había grimorios de todo tipo y libros no era lo único que había. Todo tipo de instrumentos arcanos, de todo tipo de culturas distintas, se veían por todos lados vestigios polvorientos y llenos de telarañas de decenas de culturas y religiones diferentes, todos orientados a trabajar con el mundo espiritual.
Y de pronto, desde el fondo de la habitación, lo vio. El ataúd de una sola pieza de roble estaba ahí, sobre un atril dorado y con unas velas apagadas, prácticamente consumidas. Se le erizaron todos los pelos del cuerpo y un enorme escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando vio que la tapa del ataúd estaba descorrida y colgaba de ella una esquelética mano con un enorme anillo de oro.
Lo que jamás pensó que sucedería fue el hecho de que aquella esquelética mano comenzó a moverse, mostrando la palma hacia el techo de la habitación y recogiendo y estirando el dedo índice a modo de llamado para que se acercara.
La puerta de la habitación de cerró de golpe, se escuchó el sonido del cerrojo como se bloqueaba y dejaba la llave por el lado de afuera y la habitación se sumió completamente en tinieblas...
Se escuchó de pronto un grito desgarrador proveniente de los pisos superiores de la casa y los inquilinos supieron inmediatamente que la maldición seguía vigente, aún después de tantos años. Lástima, les estaba empezando a gustar el nuevo comprador...
Monday, March 17, 2008
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3 comments:
waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ta wenisimooooooooooo de verdad q la espera valio la pena =P jojojo me gusto mucho la historia...estuve todo el rato metida. Si yo hubiese estado en esa situacion me habria dado susto abrir la puerta =P
Mi voto es para el blog de Richi eeeeeeeeeeeeeeeeeeee
oh, richi!
te pasaaaaste...en verdad me dio escalofrios =O
todo un talento ;)
chalalala!
Lina(l)
¡Que buena historia Richi! Recien me vengo metiendo a tu blog y veo que has seguido con tus historias... felicitaciones están de lujo.
Un abrazo,
rax
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